lunes, 6 de octubre de 2014

Anacorético


Quedan fondos por conocer,
aún el mar guarda sus misterios
y la muerte, cotidiana, es sorpresa
ante la infinita presunción.

Aún sondeamos el oráculo de Delfos
cuando se interponen los abismos
de las dudas milenarias,
porque las costumbres nos esclavizan
y se buscan los párpados de dios
para hacernos la esperanza del alivio,
sincréticos hasta la médula.

No hay edad para la muerte,
desde la primogénita luz
nos adviene el recelo
por la taxativa magnitud del vacío
que nos condena a la inercia
y la negligencia de buscar fuera
temerosos de nuestros adentros.

Fue por conveniencia, más que necesidad,
que un hombre rubio
impuso a dios su semejanza.

Pichy

4 comentarios:

  1. Este es un poema genial - sobre todo la última estrofa que es sorprendente, sin desmerecer a las demás- que podía estar en nuestro poemario "La imagen Proyectada" ¿quieres que lo pongamos allí?

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  2. Ño...Así, que éste te resulta genial...

    Sí, hombre, póngalo allí. Es un favor que me hace, que no ando bien con las musas, y acabo de recibir un correo donde dices que me toca a mí presentar.

    Muchas gracias + Abrazos

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