domingo, 21 de abril de 2013

PARES

 

He de reconocer que tengo una pereza mental, desgana, a la hora de escribir de teoría literaria, y de poesía en particular. Quizá porque hubo un tiempo que me absorbió tanto este asunto (estudios y ensayos) que caí en el peor de los biblioclamos: escribía sobre algo que no comprendía; o dicho de otra manera, en ese mal que afecta a muchos ilustrados: la artificialidad del arte. Por eso quisiera hablaros más de poemas que de poetas, como aspira más de uno: «quisiera ser poema, más que poeta». No obstante, sea la excepción para recordar a cuatro poetas, dos y dos, aparentemente muy diferentes, no excesivamente conocidos: unos debido a la oficialidad académica; otros, por la marginación oficial. No entraré en datos y valoraciones bibliográficas o eruditas, solo recordarlos para que despierte la perplejidad del posible lector: no para suplantar, sino para despertar, con nuestro esfuerzo íntimo, la vida personal del espíritu. Tampoco me referiré, solo lo imprescindible, a las corrientes poéticas que generaron. Veamos. Ellas son dos excepcionales poetas: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva; ellos, como dirían los críticos oficiales (los que desprecian los poemas sin hermenéutica: esos que se explican por sí mismos) serían dos detestables poetas: Raymond Carver y Charles Bukoswski (es obvio que lo que aseguran los referidos críticos no lo comparto). Anna y Marina, rusas; Raymond y Charles (o deberíamos llamarle Hank Chinaski) norteamericanos (aunque este último naciera circunstancialmente en Alemania). Y tropezamos con en el primer escollo, el idioma. ¿Cómo leer a autores que escriben en idiomas que no es el nuestro? Y más aún, ¿cómo hacerlo cuando su estilo poético responde a una polifonía rítmica, como las dos poetas rusas, o sin apoyo rítmico ni medida en el caso de los estadounidenses? He aquí la mano diestra, mano poética también, del traductor, para traernos, de forma espontánea y al mismo tiempo fiel, sus escritos. Aquí se cumple aquella máxima de Gerardo Diego: «Y esto se pone de manifiesto cuando al pasar a otro idioma se esfuman todas las delicias verbales. Y decirme: «¿vamos a pensar que mientras la obra literaria resiste victoriosamente el cambio o la ruina de los idiomas, la creación poética va a ser tan frívola, externa, y hermética que quede para siempre encerrada en su celda de oro, y se nos niegue si no poseemos las siete llaves de su idioma secreto, retórico e intransferible?». No es el caso que nos ocupa. Os invito a que lo comprobéis. Decía que ambas parejas poéticas, ellas y ellos, tuvieron puntos en común. Fueron exiliados en sus países, ellas por el socialismo real, ellos por su mal llamado realismo social o pesimista (en Estados Unidos prefieren llamarle “Minimalismo”). Charles y Raymond son dos excelentes prosistas de los que alguien ha dicho que su poesía no es tal, sino mera prosa que no acaba de llenar la página. Su estilo elíptico, seco, inmediato, como un apunte sugerido, inacabado, puede hacer de su lectura un acto ingenuo, desprovisto de retórica poética o trabajo de zapa y filtraje. Sobre todo cuando su poesía pretende narrarnos gente, hechos, situaciones cotidianas, cuando no vulgares. Dicho con palabras de Bukowski: «¿por qué arropamos todo lo que decimos/ con un énfasis especial/ cuando lo único que hace falta/ es limitarse a decir/ aquello que debe decirse?». Aparentemente tan distinto de la exquisitez rítmica y romántica de las rusas. Y sin embargo, ¿cuánto de verdad hay en ellos, los cuatros? Vidas complicadas, difíciles, asóciales para la ideología biempensante de su época, el no tan lejano siglo XX, solitarios, con el desdoblamiento de quien escribe de la experiencia y la contemplación estética de esa experiencia. «Estaba entonces entre mi pueblo/ y con él compartía su desgracia», dice Ajmátova en la obertura de su Réquiem. En fin amigos, no quiero cansarles, les invito a que se aproximen a su obra y vean, en dos estilos bien diferenciados, la denuncia, la celebración del amor, la amistad, la sencillez de la vida cotidiana: poesía civil, memoria lírica, poesía amorosa, con ecos a veces encubiertos de Brodsky, Rilke, Pasternak, Hemingway, Chejov, e.e. cummings, Céline, Dostoiewsky o Vallejo. Termino, con vuestro permiso, y los reúno en el poema de Carver, Bajo una luz Marina cerca de Sequim, Washington.
 
Empiezan los verdes campos. Y las altas, blancas
granjas después de los charcos de la marea,
y aquellos cangrejos
listos para echar a correr, o darse la vuelta, si
levantábamos la roca debajo de la que vivían. La languidez
de aquella tarde tranquila. La belleza de conducir
por aquella carretera del campo. Hablando de París,
 nuestro París. Y luego encuentras ese sitio en el libro
y me lees la vida de Anna Ajmátova allí con Modigliani.
Sentados en un banco de los jardines de Luxemburgo
bajo su enorme sombrilla negra
recitándose a Verlaine el uno al otro. Los dos
«todavía no alcanzados por el futuro». Cuando
allá en el prado vimos
a un joven desnudos de medio cuerpo parar arriba
y con los pantalones remangados,
como un antiguo remero. Nos miró sin curiosidad.
Se quedó allí observándonos indiferente.
Luego nos dio la espalda y siguió con su trabajo.
Mientras pasabas como una hermosa guadaña negra
por aquel paisaje perfecto.
 
(De ”Bajo una luz marina”, traducción de Mariano Antolín Rato)
 
 
Lo dicho, pues. Acerquemos a ellos, no son tan distintitos ni tan distantes, pero tampoco tan ingenuos e inofensivos como parecen.
 
 
 
 

4 comentarios:

  1. Muchas gracias, amigo, por este esfuerzo de hacernos llegar tan interesantes escritores motivando nuestra curiosidad. No obstante, y pidiéndote otro gran esfuerzo -vista tu desgana- me gustaría, es más, necesitaría que nos hicieras participes de lo que las obras de estos y otros autores te han enseñado, con poemas tuyos. Estoy interesada en el realismo claro, algo que no logro y que hoy día creo necesario y para ello, aunque haya poetas excelentes, del siglo XIX y XX a los que leer y necesariamente estudiar, pienso que para avivar la condición de poeta, en estos tiempos que corren, que mejor que hacerlo a través de un escritor de ahora, mostrando su visión de la vida.
    Un saludo.

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  2. Estupendo comentario e invitación a ciertos poetas que, por ser rusos, no nos llegaron nunca. Pero internet facilita el camino. Se puede ver Anna Ajmatova aquí y en otros blogs http://lauragiordani.blogspot.com.es/2009/10/anna-ajmatova-poeta-rusa-nacida-en.html

    Pero ¿sabes? la poesía nos es necesaria no a pesar de todo, sino por todo eso que nos pesa.
    --------

    Es verdad que no estamos para poemas
    ni para descubrir el nido donde se esconden
    los secretos del fin del mundo,
    como tampoco vamos hacia parte alguna
    que no se realice la controversia
    concatenada con dodecaedros siderales;
    somos emociones desperdigadas
    por las aguas de un aljibe profundo
    donde los tesoros son misteriosos.

    Y basta ya de espolones clavados
    por luchas fraticidas, enajenados sistemas
    y guerras frías, fuentes sin agua y luz opaca,
    realidades de ficción y omegas contra alfas:
    ¡basta ya, dije!
    no queremos amuletos, ni zapatos de tisú,
    ni que nos cuenten las cosas con eufemismos,
    queremos pasear tranquilos los domingos
    por el parque donde brilla el jazmín,
    el muérdago, los olmos de la chopera,
    sencilla y tranquilamente,
    como una mezcolanza de café con leche.

    © Luis Vargas















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    1. Me destaca este poema; dentro de tu comentario. Abrazo

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  3. Aporte que me resulta de mucho merecer, amigo. Gracias + Abrazo

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