sábado, 4 de mayo de 2013

LA HIEDRA DE LA PARED


Trepé a la hiedra
por los recuerdos presenciales del presente,
como por un hito del camino
que marca el espacio-tiempo,
subir y alcanzar el otero, sería el deseo
o la infracción del ser.

Una pamela de helechos sombrea la tierra
escarba, para encontrar el pasado, aquí y ahora,
y tener la grandeza de fijar en mi (en ti) la eternidad;
porque nunca te has muerto todavía
pude reconocer la mediática hondura del ayer,
como un hoy pasado siempre, cuyos hechos
y emociones, viven en el sombrero de esa hiedra,
-perenne verdor abrazando la pared de la casa-
entre las grietas laberínticas
que aún sostienen, edades infantiles,
pubertades y adultez,
como coplas de la vida,
que son las que hacen que no se caiga.

Podrán emanciparse con trompas de querubines
los espíritus de la materia,
y volar hacia el futuro del hoy, pero nunca
desaparecerá de la memoria, pues la hiedra
persiste a los avatares del ser
con los recuerdos escritos en sus hojas
-un libro de axiomas
que no permite dejar de asentir vivos en el presente,
sagrado corazón de latido rítmico que nunca morirá,
ni nadie será muerto, porque habrá otros y otros
que sostengan la pared

© Luis Vargas

3 comentarios:

  1. Estupendo poema, del que denoto un misticismo que me trasporta a algunas estapas de mi infancia... Lo extraigo y guardo, pues me resulta soberbio, en los poemas.
    Besos

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    1. Gracias amiga. Corresponde a mi libro "Poemas Templados" porque yo, también estoy seco

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  2. Me resulta estupendo, amigo, muy bueno.

    Abrazos

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