miércoles, 30 de diciembre de 2015

DE CARTAS A UN JOVEN POETA_CARTA 1ª

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.

Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera.) Mas, aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil : en todo caso, su vida encontrará de ahí en adelante caminos propios. Que éstos sean buenos, ricos, amplios, es lo que yo le deseo más de cuanto puedan expresar mis palabras.

¿Qué más he de decirle? Me parece que ya todo queda debidamente recalcado. Al fin y al cabo, yo sólo he querido aconsejarle que se desenvuelva y se forme al impulso de su propio desarrollo. Al cual, por cierto, no podría causarle perturbación más violenta que la que sufriría si usted se empeñase en mirar hacia fuera, esperando que del exterior llegue la respuesta a unas preguntas que sólo su más íntimo sentir, en la más callada de sus horas, acierte quizás a contestar.

Rainer Maria Rilke

9 comentarios:

  1. Siguiendo tus consejos, años atrás, lo leí, releí, compré, y volví a leer, y ahora pertenece a mis libros de mesilla.
    Besos

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  2. Sí, pero yo quería recalcar esta página y que lo leyera Pichy...pero ya se ve que no.

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    1. Está desaparecido este hombre, ande anda que ni para despedir el año ha dado señales????

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    2. Es verdad. Aunque me parece que envió un Felicidades o algo así, no recuerdo bien. Entre la tia y sus problemas caseros lo tienen absorbido. Como tampoco habrá trabajado y en su casa no tiene internet, pues no podrá el hombre hacer nada, ni siquiera un poema...creo que tendremos que darle el tercer grado y que solo venga a dormir

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  3. Eh! Qué les envié mi mensajito con mis felicitaciones y buenos deseos!
    Bien dices Luvar, así es...aunque, si comer y beber en demasía, es pasarla bien; pues, he tenido un fin de año de maravillas...
    Ah, pero no he podido ver el futbol —aunque sé, que ganó el Real Madrid!—, porque amanecí al nuevo año, sin TV.

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    1. No sólo de pan y vino vive el hombre
      pues hay que ponerle más alimento
      y algún postre que otro.

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    2. Sí, señor. Lástima, que salvo piedras...nadie le pone nada!

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  4. Creo que guardan sabiduría las cartas de Rilke, que ya he leído, amigo. Además, estoy convencido de que lleva razón...y, sí, me lo he preguntado, no creas que no; solo, que no me he respondido con seguridad y certeza. Bien puedo vivir sin intentar escribir un poema —bno, ya he vivido 65 años—. Mi verdadera vocación es el mar...y llevo mis añitos sin mojarme el trasero. Sí, tengo necesidad de decir cosas...y, como no tengo auditorio; seguiré escribiendo, aunque sea, para descarga emocional.

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    1. Marinero en tierra
      por equivocación vocacional
      que creyó que el norte era el sur
      y creyó que el trigo era agua
      como paloma con despiste...
      tomando la poesía por una descarga
      de voz sin auditorio
      como el grumete ve la alta mar
      sin sospechar que detrás, hay tierra.

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