jueves, 28 de enero de 2016

AY, DE MI SENDA



Qué susurro desvela la alborada
-con crespones de plata-
cuando cierro los ojos aleteando sueños
buscando un aciago destino.
Ay, de mi Senda...

Cientos de alegrías tuvimos
bordando poemas con tejidos de versos
e hilos escarlatas entre sedas y oro
-caballo galopante con vendaval de la crin-
alondra en vuelo.
Ay, de mi Senda...

Ay, de mi senda, donde duerme el canto
silencios de verdades y mentiras
entre retruécanos, aliteraciones, hipérboles
que son firmamento y desahogo
paz y gloria.
Ay, de mi Senda...

Luna gentil que alumbra espacios
-claros clarines-
en las noches dispuestas a ser inanes
clavando rejones en el limonero.

¡La Senda, Señor, la Senda!
por donde voy caminando...

© Luis Vargas Alejo

2 comentarios:

  1. Creo que alcanzas un ritmo estupendo en este poema, amigo. Ese "Ay, de mi senda" cumple su misión de marcar el ritmo, de maravilla. Es un "verde que te quiero verde", en su lograda función —a mis ojos, claro esté.

    Abrazo

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  2. Ay, que dolido poema
    Ay, cuál será el lamento
    ¿Ah, qué no hay vereda?
    Ay, señor, que no verdea.

    (Ayer dejé una entrada, es esta senda, con la intención de que el camino no se perdiera, pero debe estar oculta por algún matorral y nos la hemos saltado)



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