jueves, 3 de marzo de 2016

LA PRINCESA DEL BIEN PODRÁ SER. (cuento)


Mi padre fue un hombre bueno. Teniente topógrafo en el ejército republicano que fue encarcelado al terminar la Guerra Española del 36 y libertado a los seis meses por no tener delitos de sangre, solo de tinta, tiralíneas, escuadra y cartabón, pero le condenaron a no poder desarrollar su oficio en sitio alguno hasta pasados veinte años. Era murciano de Abarán y allí conoció a mi madre que era hija de un hacendado madrileño que habían huido a aquellas tierras cuando el asedio a Madrid porque en aquel pueblo todavía había de todo y se podía comprar. Se casaron y mi abuelo lo despreció por republicano. Y tuvieron dos hijos, mi hermano Juan Carlos y yo. Mi padre encontró trabajo en una fábrica de productos químicos como guarda nocturno con muy poco sueldo y viviamos en una corrala del Madrid antiguo en una habitación de unos 20 metros cuadrados. Pero todas las noches, antes de irse a tal trabajo, hasta que tuve la edad de nueve años, mi padre me acostaba en una cama "turca" que teníamos en aquel pisito y me contaba cuentos hasta que me dormía, despues se iba a trabajar.

Mi padre siempre estaba canturreando por lo bajo, leía, dibujaba, trabajaba la madera y nos hacía muebles para la casa, nunca le oi quejarse de nada, a pesar de su ramplona vida, sin medios para alimentarnos, sin futuro y desterrado del mundo. Pero siempre fue feliz. Siendo un hombre culto y preparado, recogía sacos de arpillera de la fábrica y los vendía por tres pesetas y con aquel dinero me llevaba todas las semanas al cine...(¡cuantas cosas podría contar de mi padre¡)

Y uno de estos cuentos (del que solo me acordaba del título) era este que se cuenta aquí. Y cual ha sido mi alegría que, a mis 69 años he vuelto a recordarlo, encontrarlo y releerlo, porque en estos momentos estoy viendo a mi padre, sentado a los pies de la cama, preguntándome de vez en cuando:
-Luis, te has dormido ya?

Nunca quise a nadie como quise a mi padre.

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En una tierra muy lejana, y cuyo nombre no recuerdo, reinaba un rey viejo y viudo, a quien querían mucho sus vasallos porque era justo y bondadoso. Este buen rey tenía una hija, única heredera de su nombre y de sus extensos estados. Esta única hija era tan hermosa que todas las damas del país envidiaban su gentileza; pero en cambio tenía un defecto, o mejor dicho una aprensión, que era el tormento de su padre; pues desde muy niña la princesa sólo pronunciaba esta frase: bien podrá ser. Estas palabras, articuladas con voz penetrante y sonora, probaban que la hermosa princesa no era muda de nacimiento; pero ni los ruegos del padre, ni la astucia de los más discretos cortesanos, habían conseguido arrancarla un sólo monosílabo más. Dieciocho años había cumplido LA PRINCESA DEL BIEN PODRÁ SER, así en la corte la llamaban, persistiendo siempre en su tema, y el rey, que no quería ver extinguirse su linaje, resolvió casarla, imponiendo a sus pretendientes una singular condición. Reducíase ésta a que la princesa entregaría su mano al príncipe que la hiciera hablar una palabra más de las anteriormente enunciadas. Como la novia llevaba en dote un extenso y floreciente estado, todos los príncipes vecinos acudieron a la invitación, provistos unos de bufones y los otros de encanecidos consejeros, sin que las gracias de los unos ni los discursos de los otros consiguieran torcer el ánimo de la caprichosa princesa. Viendo el desconsolado padre que tan ilustres pretendientes nada adelantaban, recurrió a los próceres de su reino; pero los duques y los condes no tuvieron mejor fortuna, y transcurrió un año completo en inútiles tentativas. El buen rey se desesperaba, viéndose con un pie dentro del sepulcro; y, queriendo hacer el último esfuerzo, convocó a los simples caballeros del reino, bajo las mismas condiciones. Mas dejemos que estos se presenten, y pasemos a otro lugar.

En una ciudad de provincia, no muy distante de la corte, vivía un hidalgo de buena estirpe, que huérfano de padre y madre, había gastado un más que mediano patrimonio. A los tres años de ancha vida, entró en cuentas consigo mismo, y encontró que toda su hacienda se reducía a una arrogantísima figura, veinticinco años no cumplidos, lujoso equipaje, buen caballo, y una bolsa de seda, medianamente henchida de oro. Con una mano en la mejilla y una pierna sobre la otra, empezó a meditar los medios de restablecer su fortuna, y después de haber pensado mucho, tuvo una magnífica idea. «Yo soy caballero, se dijo, mirando un escudo de armas dividido en varios cuarteles, y puedo aspirar a la mano de la heredera de mi rey. Ceñir a mi frente una corona sería un buen medio de restablecer mis negocios; pero yo no tengo bufones, consejeros, ni esa traílla de servidores que han llevado los príncipes, duques y condes. Mi ingenio no es una gran cosa para que supla con ventaja al de tantos otros reunido, de modo que lo más prudente será no salir de mi casa.» Quedose de nuevo suspenso, pero después de algunos minutos se levantó resueltamente y dijo con alegre gesto: «Peor que estoy no puedo quedar; voy a pretender a la princesa.» Tomada una resolución, no era hombre para abandonarla; hizo una pequeña maleta con sus más lujosos vestidos, mandó que le ensillaran el caballo; tomó la bolsa de que hablamos; cabalgó con sumo donaire y emprendió el camino de la corte.

Formando castillos en el aire habría corrido media jornada, cuando el hambre vino a interrumpir tan hermosa fábrica, anunciándole que no había comido en mucho tiempo. Con la premura del viaje no había tomado provisiones, y empezó a buscar alguna venta en que satisfacer mal o bien su más que mediano apetito. Ni la más humilde descubría, cuando se fijaron sus miradas en una casilla sombreada por dos corpulentos olivos: a ella dirigió su caballo, y, llegando a la puerta, encontró un muchacho de doce a trece años, que estaba guisando un puchero.

Buenas tardes —dijo el viajero.

Bienvenido —replicó el muchacho, con traviesa jovialidad.

¿Qué haces aquí?

Me como al que viene y quedo esperando al que se va.

¿También me comerás?

A dónde va usted?

A casarme con la princesa del bien podrá ser.

Es usted muy tonto para eso.

¿Por qué?

Porque no ha entendido usted lo que he querido decir con «Me como al que viene y quedo esperando al que se va.»

¿Quieres explicármelo?

Al momento. Yo estoy guisando este puchero: al hervor suben los garbanzos; al que logro coger me lo como, y al que se me escapa espero que vuelva a subir para comérmelo también.

Eres agudo. ¿Tienes padre?

Sí señor.

¿En dónde está tu padre?

En el pesadero.

No te comprendo.

Pues no será usted quien se case con la princesa.

¿Quieres explicarte ?

Allá voy. Mi padre ha ido a ver una sementera: si está buena le pesará haber sembrado poco, y si mala, haber sembrado tanto.

¿Y madre, tienes?

Sí señor.

¿En dónde está tu madre?

Amasando el pan que nos comimos la semana pasada.

Eso es imposible.

No se casará usted con la princesa. La semana pasada comimos pan fiado y mi madre está amasando hoy para pagarlo.

Tienes razón. ¿Hay en tu casa más familia?

Una hermana, que está llorando los gozos del año pasado.

No te comprendo.

Mi hermana se casó hace un año, muy alegre y con muchas fiestas; ahora la maltrata su marido y está llorando aquellos gozos.

Tienes muchísima razón.

Pero usted es demasiado tonto para casarse con la princesa.

Reflexionó un momento el viajero, y dijo después:

Voy a proponerte un partido.

Sepamos —respondió el muchacho.

Yo tengo muchísima hambre; tú manifiestas no carecer de ella; comámonos ese cocido.

Me conformo.

En acabando nuestra comida, seguiremos el camino de la corte, y tú me ayudarás a casarme con la princesa, y cuando yo llegue a ser rey tú serás mi primer ministro.

Concedido.

Verificado este contrato, se comieron todos los garbanzos en amor y compañía, cabalgaron después, y, a buen paso, se fueron acercando a la corte.

Apenas entrados en ella, se apresuró el buen caballero a comprar lujosos vestidos para el ingenioso muchacho, y no tardó mucho en presentar al anciano monarca su arrogante solicitud. El rey suspiró tristemente, firmísimamente persuadido de que su hija bajaría al sepulcro con palma; los cortesanos miraron con desprecio al desconocido pretendiente; pero este no decayó de ánimo, y, acompañado de su discreto pajecillo, paso al cuarto de la princesa. Saludola con desenfado, pero recibió su saludo un bien podrá ser por respuesta: hízola otras varias preguntas, que tuvieron el mismo resultado; entonces se adelantó el muchacho y comenzó de esta manera, con teatral ademán y acento:

Señora, yo soy hijo único del labrador más acaudalado de esta fertilísima comarca.

Bien podrá ser —dijo la princesa.

Sus sembrados no tienen límites, y son tan numerosos sus rebaños, que para recoger la leche ha tenido que construir un estanque de cinco mil varas cuadradas.

Bien podrá ser.

Encontrándose lleno de leche, paseaba yo un día sobre su muro comiendo piñones; como paseaba distraído, se me cayó un piñón en el estanque, y al momento se formó un pino tan corpulento, que su copa estaba oculta entre las nubes.

Bien podrá ser.

Me gusta mucho coger nidos, y calculé que un árbol tan alto debería tenerlos a millares. Poseído de este pensamiento, empecé a trepar pino arriba, y después de un largo viaje llegué a su copa, que precisamente tocaba a la misma puerta del cielo.

Bien podrá ser.

Encontrándome a tal altura, quise ver lo que allí pasaba, y me entré sin pedir permiso. A la derecha estaba san Pedro, ocupado en coser zapatos; y san Juan estaba a la izquierda con un puesto de hermosos melones.

La princesa guardaba silencio, y el muchacho continuó:

Quise ver si eran de buena casta, y compré el más pequeño de ellos. Llevaba yo un cuchillo de monte, y empecé a partir el melón; pero de improviso el cuchillo desapareció por la hendidura. No quise dejarlo perdido, y me entré tras él, con la misma facilidad que si lo hiciera en este cuarto.

La princesa no replicaba; dirigía sus miradas alternativamente al narrador y al caballero, y prestaba más atención.

El muchacho continuó:

Dentro ya del melón, empecé a andar, por ver si encontraba mi cuchillo; pero se pasaban las horas sin que pudiera conseguirlo. De repente oí ruido de pasos, y poco después descubrí un hombre que venía hacia mí con un arado al hombro. Hube de llamarle la atención, y me preguntó marcialmente: «¿Adónde va por aquí el amigo?» «Voy en busca de un cuchillo de monte», le respondí en el mismo tono. «Pues fácilmente lo encontrará, cuando ando yo con el arado al hombro hace tres días buscando una yunta, y no he conseguido encontrarla.» Esta respuesta me desanimó, y como no quería que mi familia me echara de menos, volví pies atrás, y después de haber andado mucho, logré salir por la hendidura que me había servido de puerta. Sin pensar más en el melón, corrí a asomarme a la del cielo, y vi con asombro que el pino había desaparecido del todo. Yo no podía quedarme allí sin dar un susto a mi familia, y decidí bajar a todo trance. Para lograrlo compré a san Pedro un ovillo de guita, y atando un extremo al banquillo en que estaba el santo trabajando, empecé a deslizarme por ella, con la mayor facilidad. Me faltarían unas mil varas para llegar al suelo, cuando se me acabó la guita; en tal conflicto pedí al santo que me prestara un ovillo más; pero, en vez de atender mi ruego, cortó la que había yo dejado atada a su banco. Faltándome el punto de apoyo, comencé entonces a hender los aires como una flecha; me fui acercando a la tierra, cada instante con más rapidez, y, siguiendo el violento impulso, chocó mi cráneo con una roca, se rompió en veinte mil pedazos, y en ella quedaron mis sesos hasta que un perro los lamió.

¡Embustes enormes he oído, pero juro que éste me encanta! —exclamó la hermosa princesa sin poder dominar la admiración que le producía tal historia.

Y porque os encanta, señora —replicó el travieso narrador—, seréis esposa de mi amo.

El rey y algunos cortesanos, que ocultos tras unas cortinas habían presenciado la sesión, aplaudieron el claro ingenio del locuaz y atrevido niño, cuyo triunfo preconizaban; aunque algunas damas sostenían, que más que el chiste del muchacho, había contribuido a hacer hablar a la princesa la buena presencia del novio. Tengan unos u otras razón, lo cierto es que a los ocho días se verificó el matrimonio con gran pompa; que el rey viejo murió a los pocos años; que el caballero llegó a ser rey, y el muchacho ministro, como lo habían pactado antes.

Yo asistí a la boda, al entierro, a la coronación; fui y vine, y sólo me dieron una almendra, que la más golosa de mis lectoras tuvo la bondad de quitarme. Y de ello da fe

JUAN DE ARIZA.

UN UNO





Cuando amaine el temporal
y los aventados vientos inventados
cifren emociones de versos
puede
que las palabras "te quiero"
surjan del canto del ruiseñor
animando la fiesta del querer.

La soledad es un caldo soso
un ruido que no se oye
una granja sin corral
un pitiminí seco
un uno.

© Luis Vargas Alejo

Hoy no estoy para rimas


.
Hoy no estoy para rimas...

Trileros, corruptos, fantoches
peleando las poltronas.
Manipuladores natos
boxeándose el control.

Votaciones... ¿Para qué?

A los que les llaman "sanchos",
son "quijotes" de pandero:
no llegan a esa cultura
del pueblo -tan sabia y nuestra-.

Otro teatro maldito
que usurpa más la esperanza.
Un escenario de fatuos
intereses usureros,
orgasmos  preliminares
de poder y aberración.

¿Débil, dicen? Vomitivo...
La España de pandereta
hace que me replantee 
la dignidad de la misma.
No representan a nadie
que no esté a su alrededor.

La libertad se suicida
como un samurai sin honra.
Pensamos en nuestros hijos
-y en las madres de esos otros-
con impotencia, tristeza,
desazón y desconcierto...

Sumas tres y salen seis
esperpénticos vampiros
sedientos de yugulares
-o lamiendo la vertida
en el circo de éstos años-

Tantas muertes. Tanta sangre
...
La pasada, la presente, 
sin sudarios enterrada
bajo una capa de moscas
y repugnantes gusanos.

Maloliente y putrefacto
Parlamento ingobernable.

No es el País. No es su gente 
quien sobra en la tierra noble,
donde los vasallos medran
a golpe de hoz y martillo
con carroñeras gaviotas
y rosas pisoteadas,
arrastradas por el lodo.

-Más nos valen mercenarios
con las caras descubiertas
sin protocolos ni botox-

No es un suceso, es deceso.
-Pobres de mis descendientes-
¿Qué hemos hecho, demonios?
Es otro día de luto
con un duelo interminable.

Me sumo a toda la náusea.

-Un "Réquiem" de Mozart 
como melodía de fondo
me parece apropiado--


Nieves Merino Guerra
Canarias - España
02 de marzo de 2016


Sugerencias

Me estoy dando cuenta que se alargan mucho las respuestas en una misma entrada y nos hacemos un lío buscando lo nuevo escrito. Debemos utilizar entradas nuevas, aunque sea de lo mismo. o sino, que diga Bego cual es la solución técnica porque pinchando en el lapicito para corregir la entrada, solo sale la inicial y no las respuestas. ¿Cómo corregir en las propias respuestas lo que queramos corregir, sin poner 7 veces lo coregido de lo corregido?
Luis.

RESPUESTA Y SUGERENCIAS

Bloguer no tiene la opcion de modificar las respuestas, así que sugiero que los cambios se realicen en las mismas entradas si es lo que se desea. Y el original, como se perdería, que cada uno lo guarde en su ordenador si quiere conservarlo. Ya, ya lo sé, de los cambios en la entrada original, no nos avisa bloger en nuestro correo, por eso una vez hecha la modificación, se puede dejar un comentario con un sencillo "modificado"

También está la opción de hacer una entrada nueva, con las modificaciones realizadas.
 

Lo dejo a debate, y si tenés otra idea, proponed.

Besos
Bego.

A FEDERICO Gº LORCA (Nieves Merino Guerra)

Se lo llevaron de noche
y al alba gritaron:¡fuego!...

A su cuerpo acribillado
y su alma ensangrentada
llegaron como saetas
con saña y odio en sus puntas,

Por la espalda y a traición
taladraron aquél ser
cinco balas -agrio aire
silbó angustia solitaria-

Quisieron callar su boca,
sus letras, sus pensamientos...
-No fue vana aquella muerte
bajo la presencia exhausta-

¡No maten a Federico!
Él es de todos nosotros...
-Dicen las guitarras roncas
de gitanos albaicines,
del pueblo llano y nobleza
ancestral, por las esquinas-

Se lo llevaron. Y en cruz
el alba voló con él
decapitando allí al sol
que gemía en su silencio...


© Nieves

miércoles, 2 de marzo de 2016

LA DIVINA COMEDIA

La divina comedia

Un viaje Dantesco, que busca la identidad
de derechas, centro e izquierdas
con ínfulas de Quijotes
narrados con panzadas líricas
del siglo XXI,

¡Venga ya, señores poetas, representantes
del pueblo!, yo no veo mi pasquín
y si muchas urnas
vacías de hechos y repletas
de aprovecho...

Me hacen asistir a esta representación
de baile de butacas
sentada en el suelo
y pagando el 21% de IVA por la entrada

No porque lo narren con melodía
hallarán salvación
entre tanta mentira y desespero,
¡sólo tunean la luz!
Sí, sí, cubren las facturas
de sus bombillas encendidas
quitándonos el sol

Palabras y más palabras
que decoran el arco iris
con azul, rojo, naranja y malva
pero negro pinta todo
y a blanco no cambia

Perdonen mis asonancias,
las arritmias de los versos,
ripios de infarto,
pero me faltan las pastillas
y me debo a los copagos...

!Qué débil me encuentro!
y aun queda in-vestir
de este foro de aforados
a algún santo...

bluf, bluf, bluf, bluf

Begoña M. Bermejo

UN POEMA LIBRE DE VERSOS BLANCOS



Cuando dejen de caer los racimos de las parras
y los granos de las uvas sean independientes,
volverá a despejarse, de las enredaderas, el cielo azul
sin remilgos, ni miedos, ni recatos.

Volveremos a ver las cosas muy normales
y brotarán saludables pensamientos nuevos,
apartando los lamentos de la copa del vino
y enjuagando el desamor con zumo puro.

Seremos libres para respirar en soledad dual
y nuestra boca se llenará de jugo dulce y gozo
como el sabor del dátil almibarado de tu sexo.

Aspiraremos el aire a grandes bocanadas
expulsando el anhídrido a otros lares
para que el ser pueda complacerse sin tormento.

¿Pues quién de nosotros puede decir cómo ha de ser
 la vida, cómo disponerse las moléculas, cómo
manifestar el amor entre tanta diferencia humana?

Todas las formas de estar son arbitrarias, emulsiones
de probetas cambiadas, bipartidismo sexual, referentes
inventados como calma de ansiedades, diversidad
que impide ser todos iguales, y conlleva a la pugna
competitiva, producente de abusos y guerras.

Todo suena con distintos arpegios y hasta el color
de la fruta, madura o inmadura, es diferente, disímil
el canto del pájaro, el olor de los huecos, la apariencia
solapada de los contrarios en la especie humana.

¿y el amor? ¡dios mío!
¿de qué color es el amor que se exprime
en el lagar de una cosecha?

© Luis Vargas Alejo



Selo llevaron...II (asonancias en este poema)


 * todos los versos que riman en o-e   (12)
** todos los versos que riman en o-a  (4)
*** todos los versos que riman en a-a  (2)
**** los unicos versos que son blancos (2)


Como verás es un poema que no se atiene a normas clásicas, ni modernas, las asonancias más repetidas es en e-o y solo hay dos versos blancos. También hay asonancias internas con alba. El poema para mi, es una catástrofe, pero eso no quiere decir que sea malo, pues si a ti te gusta así, pues así será. ¿Podrías arreglarlo consiguiendo que todos los versos fueran blancos sustituyendo palabras finales o alterando el orden de las palabras en los versos? Yo creo que sí. 

Intenta hacer poemas cortos con versos blancos a ver si así te vas acostumbrando....¡hasta Neruda hacia sonetos con versos blancos, guardando la métrica y la estrofa!



Se lo llevaron...II

.
Se lo llevaron de noche**
y al alba gritaron: ¡fuego!, acribillando con balas***
su débil y joven cuerpo.*

.
Se lo llevaron a oscuras ****

y el alba cortó su sueño sin más testigos que sombras,**
y aquellos fusiles negros.*

.
Quisieron callar su boca,**
sus letras, sus pensamientos...*
Se lo llevaron estrellas, y el alba ***
en su nacimiento con avalanchas de ecos*
juraba sus juramentos*

.
¡No maten a Federico! ****
Es uno más de los nuestros...*
-dicen las guitarras roncas **
de gitanos guerrilleros,*
las marquesas, los pintores,*
los de arriba, los del pueblo...*

.
Se lo llevaron de noche,*
y al alba él se hizo eterno*
junto al olivo que llora **
sus sarmientos por el suelo.*

.

Nieves

PRINCIPIOS DOLOROSOS

PRINCIPIOS DOLOROSOS

Sólo me quería
para presumir 
de trofeo
que basa vanos éxitos

Exaltaba el ritmo
con verbos incandescentes
que falsean eternos halagos,
por afán de lujuria

Hasta
que
con
un
infarto
de
versos
concisos
cadencia
sinfónica
y
voz
llana
propuse
amor.

Begoña M. Bermejo

SENDA POÉTICA : POEMARIO TEMÁTICO Y ENCADENADO_TEMA: LA IMAGEN PRO...

SENDA POÉTICA : POEMARIO TEMÁTICO Y ENCADENADO_TEMA: LA IMAGEN PRO...: PROYECCIONES SOCIALES A TRES BANDAS   60 poemas de Luis Vargas, Begoña Martínez y José Valle y una canción rara PRÓLOGO En...