martes, 29 de septiembre de 2015

SIEMPRE SOBRA ALGO

No termina uno de acostumbrarse
a los cambios estacionales
y menos aún, si acompaña el calor
del verano,ese, que precisa del desnudo
y rechaza los abrazos,
el roce..,
volviéndonos extranjeros de sí mismos
al exorcizar la endiablada
temperatura.

Y llegarán las tormentas
del comenzado otoño;
días de caducidad
y cardenillo, en los faroles
que alumbran la caída de las hojas,
la siembra del asfalto:
anaranjadas sendas
propuestas a pudrirse
o ser barridas...

Begoña M. Bermejo

3 comentarios:

  1. Me resulta bien, amiga. Buen ritmo. Me discursa muy bien.

    Abrazos.

    Pd.- Acá han reverdecido las hojas, porque el Papa nos trajo algo de agua —que sufrimos la peor sequía en 100 años— y a refrescado su poco.

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  2. Aquí no solo llovió ayer, sino que nevó en la Sierra y ya tiene un piquito blanco. Y será eso, o no, pero en esta Senda también han caído dos poemas vuestros y es que, como el otoño, no hay nada. Siempre sobra algo o siempre falta algo, aunque es mejor que zo'zobre que no zo'falte.

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