jueves, 17 de septiembre de 2015

RAREZAS NATURALES





Escogimos el verso para enfrentarnos a la vida
y nos miraban todos como gente rara. Todos.

Debimos nacer con algún gen soslayado
adherido al ritmo de los versos que sustancian
los anhelos, sueños, contra penas y sentidos
que solo se manifiesta en la palabra escrita.

Algo anormal, porque lo que la norma exige
es que se vaya de aquí para allá llenos de proyectos
y negocios con un maletín en la mano
viviendo para trabajar y no trabajar para vivir
y así alcanzar muchos bienes materiales.

Y este gen traidor que ama el arte y no las guerras,
la paz que desenmaraña los sentimientos y realidades
de la belleza, oculta de las cosas y los hechos,
el conocimiento intuitivo, la ilusión y el destino,
el silencio en las noches sin luz, y la memoria
de los gozos, que reconstruyen los olvidos de la vida,
ese gen sólo está en aquellos locos que entienden
la poesía.

Cerramos las heridas verso a verso, mutilando
de la cadena de adeene aquellos péptidos y aminoácidos
que conforman los genes que manejan la actitud de las masas
a pesar de que los que no son poetas nos ninguneen
y piensen que somos nada, que no somos nadie
y solamente cantamos como las cigarras frente a las hormigas.

Cuando en verdad somos en los versos, el vendaval
que sopla cuando no hay viento.

© Luis Vargas Alejo 

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