jueves, 26 de septiembre de 2013

Cabeza de zanahoria



—Esto no es una casa, es una pocilga. Si no limpias y mantienes el debido orden: me veré obligada a desalojarte. Además, tu pariente no está cumpliendo con la renta, como pactado, y esto no es un asilo. Así que ya sabes, te doy una semana —ni un día más—, si el sábado no tienes la habitación decente y el alquiler cubierto, como Dios manda: vas derechito a la calle.

Casa, es donde uno vive —le comenta al gato, tras el tirón de puerta, que esmeró la casera en su enfado.

Entre tantos tarecos e inmundicias, destacaba la apostura del Siamés; no encajaba, resultaba como fuera de lugar. Él parecía estar consciente de su linaje gatuno y era lo único limpio en aquel recinto sin muebles y raros olores.

Pronto olvidó el altercado con la casera, como antes, había olvidado las burlas y los improperios de los chiquillos; que reían del raro color de su pelo —que destacaba, de muchas otras rarezas de su cuerpo, al gusto para la burla de los muchachos del barrio—. Él vivía en el próximo minuto, teniendo el ahora, por pasado; por lo que no se inmutaba por nada, ni nadie.

Destapó la caja de cartón donde guardaba sus preciadas latas vacías —antes cerró la única ventana; siempre atento a los crápulas, que ambicionaban su suerte—. Las fue ordenando, delicadamente, por su brillo, sin detenerse en colores o marcas. Ya, cada una en su justo lugar; se dejó caer sobre un costado, mirando fijamente, con suma felicidad, su riqueza material. A ratos, sin apartar la vista de su encantamiento, comentaba de sus planes con Coco —aunque éste no le prestaba atención alguna; quizás, ofendido por tan vulgar nombre, asignado a capricho insano—. “Cuando todos se queden sin latas; llegará nuestro momento…”

Misu, que era su real nombre, se abstraía del cuarto, de la miseria, del pobre loco —que el destino le asignó por compañero, y, ni él mismo se explicaba el porqué, no abandonaba para siempre—, en un ceremonial aseo “lengüístico”, esperaba la noche; momento en que se unía con sus camaradas, en la búsqueda para saciar les necesidades de estómago, y otras… no menos apremiantes.          
Lo observa despreocupado
desde su felina altura.
Él, inmerso en su locura,
permanece recostado.
A un rabo de nube atado
vive de su fantasía.
Mientras Coco, en su apatía,
espera en calma la noche
para entregarse al derroche,
con gata de compañía.
José Valle Valdés

5 comentarios:

  1. Disculpen, traje la tarea sin los comentarios; el profesor me señaló que no se definían los personajes, no se sabe si Coco es el gato o el loco.
    Pienso, que lo más provechoso sería tener vuestros comentarios sobre los escritos. Además, en este "jueguito" de compartirnos las tareas, no debemos desviarnos de nuestros objetivos; aún, tengo un poemita huérfano de comentarios.

    Abrazos

    ResponderEliminar
  2. (Dime que poema es que te lo comento ahora mismo)
    GENERAL.

    Se ha dicho que se escribe para preservar nuestras experiencias. Y, no para uno mismo, sino para otras gentes. Los relatos son parte de la memoria de los hombres y mujeres, es decir, de la Humanidad.
    Pero, claro, para formar parte de esta memoria histórica, el relato debe ser memorable.
    Para algunos, el relato debe asentarse en una historia corta y en una trama que contenga un final coherente.
    La pregunta que se hace mucha gente es ¿Puede aprenderse a escribir? Se puede aprender las técnicas; cómo recalcar las palabras; poseer formación histórica sobre la prosa, pero es difícil que un curso pueda hacerte un buen escritor.
    Además, hay que tener en cuenta que ser escritor también necesita suerte. Es decir, entrar en un mundo muy cerrado en donde lo académico se junta con lo político y el negocio, aunque a la larga es siempre mejor tener talento que conocer a la gente que nos pueda meter en ese mundo tan literario.
    El que tiene talento para escribir debe esperar con paciencia el posible éxito. A un escritor se le preguntó si tenía algún problema como escritor, a lo que contestó “el único que tengo es que no soy muy bueno escribiendo”.
    PARTICULAR:
    Un relato un poco brusco y desabrido. Creo que es un relato poco coherente y que a usted, como escritor, le falta mucho por aprender. ¿Haber? ¿A cuento de qué viene poner una décima? ¿cómo es que le habla al gato? ¿pero quién le habla? ¿el inquilino es el gato u otro ser? ¿y la casera? ¿que tiene que ver la casera sino es casamentera? Lea usted más a Cecilia Valdés y si me apura, lea usted D. Quijote de la Mancha, pues a mucho bien le hará entender que los molinos no son gigantes. Crézcase en su espíritu y no me sea usted enano. La verdad es que hay personas que son como los olivos, que solo a palos dan frutos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo anterior está firmado por el profesor Luis Vargas...no por el otro. Y está dedicado a su relato.

      Eliminar
    2. Así, lo entiendo; por eso contesto a Luvar —en serio— y, digo, comentaría al Profesor, en caso de que él lo hubiese escrito. Claro, es una chanza, porque quiero que acabes de entender: que no debes tomarte tan a pecho las consideraciones del señor. Dicen, aunque me resulta difícil, que cuando alguien te Grita, si le hablas en voz baja, se da cuenta de su mal proceder y baja su zoz.
      Abrazos

      Eliminar
  3. Cometo a Luvar:
    Es el comienzo de una narración, que cumple con la instrucción de "disparatada", luego se iría aclarando en su desarrollo —no es un micro, ni novela...una cuartilla emborronada—. A mí me resulta aceptable; pero, ya sabemos que soy lerdo.
    Abrazos

    Ante este análisis que presentas, comentaría al Profesor:
    Me resulta de mucho bien sus aclaraciones. En verdad, no he sido capaz de acercarme a los objetivos requeridos por el ejercicio. Noto sus sabios señalamientos, y tenga UD por seguro que tendré en cuenta todas sus recomendaciones. A su luz, interiorizo lo mucho que me falta por aprender. En mí, no tendrá un alumno aventajado, porque me falta cultura y talento; pero, si puedo asegurarle, que seré el más aplicado y estaré bien atento a sus indicaciones. Me resulta una suerte poder contar con la deferencia de su guía, y aun convencido de mi falta de talento, cultivo la esperanza de no defraudarle en su encomiástico empeño. Sé que de su mano llegaré a dominar los secretos de la escritura.
    Agradecidos y cordiales saludos....
    y...a la rueda rueda de pana y canela...

    ResponderEliminar