viernes, 10 de mayo de 2013

Cavado




  

Hurga panoramas populares,
bardas de troncos deslucidos.
Parte demandando un venerable ilustrado
que el ácido del sistema
no haya corrompido en sus barahúndas,
y no asquee del desquicio de la miseria.

Abandona el pueblo de calles pálidas
y perros insolentes.

Cometas de ideas fugaces
atraviesan la resonancia
de un lamento patrimonial,
que no ceja de derrumbarse
ante los fundamentos,
tal la dádiva ponzoñosa
de un relámpago esparcida.

Le calculan, mientras vaga
sin ocultar la pesadumbre,
el bochorno del regreso.
Confunde, se disuade
gruñe, murmura, masculla
suave, escaso, inútil.



 pichy




Antes de la reunión



    

Y si no logro contenerme
¡eh?
y les digo lo que pienso.

¿Quién me salvará,
cuando no existe árbitro
que juzgue las razones
y el poder aplasta?

Nadie aplaude
la verdad en minoría.
¡Maldita inercia
que apacigua en la costumbre!

¡Ampárame de los hipócritas!
San Guevara.
¡Ilumíname ante las dudas!
San Martí.
¡Dame fuerzas y coraje!
San Maceo.

pichy

Del figurante



         

Un figurante domina el acto, en su trama,
sabe los diálogos del protagonista
y desea el aplauso y la vista en él
por vocación más que vanidad.

Si la transformación no ocurre,
si no logra valorarse
hasta el reconocimiento,
siempre contará con feliz nostalgia
aquella obra de un perdido abril,
en la que figuró junto a la estrella
que supo reconocer su dignidad
y lo abrazó, tras bambalinas,
agradeciéndole la palabra de apoyo
con la que lo salvó del ridículo.

Un verdadero figurante, que se respete,
sabe que la obra es un conjunto
de hilvanadas actuaciones
donde todos cotizan al éxito.
Guarda fotos, programas, reseñas
cualquier cosa
que le recuerde, más de lo que fue.

pichy

Proveído



         

Me obligaré a asumir la defensa, aún con mis dudas,
del socialismo que renace con las máculas indilgadas
por el imperio y sus oportunistas detractores,
gracias a las estupideces de los petrificados y sus meretrices.

Sin merecimientos ni esfuerzos para que me escuchen
me apropio de la dignidad de los millones que se ofrendaron,
con la luz de su bien, para todos los pobres del mundo. 

No negaré los errores ni el tropel de las inconsecuencias
de alienados advenedizos, inmerecidos y oportunistas,
que soslayaron los principios de la ética revolucionaria,
nada niego ni justifico. Sí, en su nombre, se erigieron
monumentos al capricho de personales cultos
y atropellaron las ideas para espurios beneficios.

Me convocan las voces de los fieles, la sangre de los mártires
contra los profetas neoliberales y su pretendido final de la historia.
Alzo con rabia el verso varonil, y desnudo ante los diablos
doy cara enardecido: ya, listo para el desastre.


pichy

En casa del enemigo



        

Consumido el saludo y la reverencia,
palabras de acogida y otros simulacros,
esperan los regalos;
que la deferencia se les recompense.
Sabrás que todo les resulta poco
que no les alcanza la gratitud;
ni el compromiso de la sincera lealtad,
les resulta de interés.

En la casa del enemigo,
nunca alcanzarás el sincero beneplácito,
la mácula será indeleble
y los ojos perseguirán tu nuca;
tus palabras serán sopesadas
y medidas con reservas.

No te valdrán rebajas de torso y tributos.
Sabrás, que no hay decoro de vida
después de la traición o el sometimiento;
más allá de ese abismo de la nulidad,
sólo queda ese no ser, que es la nada.


 
pichy