La madrugada
sus entidades de indiferencias
Los muchachos de la esquina
narcotizando su regocijo
El criminal que cruza el parque
cubierto como un vampiro en
acecho
y el tiempo que se extiende
en la angustia de las víctimas
Es la hora del suicidio
y de los estremecimientos
A los tragos del relente
cianúrico
se perfora la decencia
y la piedra en la honda de
David
es insignificante para la
lengua
del gigante que sondea los
esófagos
quebrando los dientes filosos
del albur
en las duras bocas de los contradicentes
Pichy